Es lo que todo padre anhela, tener un hijo que sea buen estudiante, decida tener amistades sin problemas, llegue a ser un ser humano bio-sico-socialmente saludable. ¿Será pura suerte que nuestro hijo aprenda a ser como lo anhelamos? Definitivamente no es suerte, como algunos creen.
Un hijo así lo formamos con nuestro ejemplo, y más importante, con nuestro estilo de crianza. Así como lo amamos según su edad, lo atendemos, le damos tiempo y lo escuchamos, también, la familia tiene que hacer cambios cuando éste llega a la adolescencia.
La tarea principal del adolescente es emanciparse, convertirse en persona independiente. Volverse un individuo es aprender a controlarse, a tomar decisiones que sean buenas para sí y para otros. ¿Cómo aprende esto? Lo aprende porque toda familia, cuando tiene un hijo adolescente, debe darse cuenta de que necesita revisar cómo están funcionando como padres.
Cambios en la vida
Ahora uno de sus hijos está cambiando rápidamente. Ese que era un niñito se está convirtiendo en un joven y necesita tomar decisiones, competir con los padres. De que si papá o mamá dicen una cosa, él tiene que decir otra diferente.
Esta actitud no significa que sea un malcriado o que no quiera a sus padres; quiere decir que si hasta los nueve o diez años, lo criaron saludablemente, ahora él necesita tomar sus decisiones. Un ejemplo de esto es cuando el adolescente tiene 11 ó 12 años y mami lo ve viendo televisión y le dice: “Hijo, y… ¿cuándo vas a estudiar? y el hijo le dice “yo sé cuándo”. Esta respuesta a su madre puede dolerle muchísimo, ya que se preocupa porque el niño no quiere hacer lo que ella dice. ¿Por qué? Porque duda de que las decisiones de él sean buenas.
Aunque sabemos lo que es bueno para él, debemos permitir que se equivoque. Podríamos decirle exactamente lo que tiene que hacer para estar saludable, pero en este momento para que este niño-joven sea saludable depende de que la familia no compita con él. Y, ¿cómo le vamos a facilitar esto? Le vamos a permitir que tome decisiones dentro de un marco de disciplina.
hablar es la clave
Es beneficioso que los padres conversen primero entre ellos y después con el hijo y le puedan decir “ya tú tienes 10, 11 años, te puedes bañar a la hora que quieras”. No importa que esté dos o tres días sin bañarse, pero se va a bañar, porque tiene buenos ejemplos en casa.
Le podemos decir: “Hijo, tu primera obligación es estudiar, hacer una tarea escolar adecuada, pero lo puedes hacer como tú lo decidas, a la hora que decidas y en la posición que decidas”.
Despreocúpate si cuando entras en la habitación de tu hijo lo encuentras haciendo sus tareas en una posición inadecuada, con una luz indebida, oyendo una música altísima y aún así está estudiando y aprendiendo. Tienes que dejarlo ser.
Recuerda que la tarea principal de esta edad es tomar decisiones buenas. Y ese joven o esa joven las va a aprender a tomarlas diariamente. Por ejemplo, aunque el joven y su familia desayunen y cenen a ciertas horas en la casa , él debe decidir cómo manejará el resto del tiempo. A qué hora va a estudiar, a estar con sus amigos, a ver televisión, a qué hora va a hablar por teléfono. Debes darle la oportunidad de que use el tiempo como él o ella decidan, dentro de un marco de disciplina y orden, y dentro de un horario previamente establecido.
Tu hijo o hija aprenderá a tomar decisiones buenas para sí y para otros porque tiene unos padres que han entendido que la tarea principal de la familia con un hijo adolescente no es controlarlo, sino ayudarlo a que desarrolle autocontrol.